Terremade nace para demostrar que la arquitectura puede ser un acto de equilibrio entre la técnica y la materia viva. Trabajamos con tierra compactada, arcilla pulida y maderas recuperadas nativas para generar espacios que respiran, acumulan calor y se integran al horizonte sin necesidad de sistemas activos. Nuestro compromiso es reducir la huella energética de cada proyecto mediante la inercia térmica de los materiales naturales, logrando viviendas que mantienen el confort interior entre 18 y 24 °C en climas secos, sin climatización artificial. Para el cliente, esto significa un ahorro energético pasivo superior al 60 % y una conexión estética real con el lugar que habita.
Masa térmica del tapial Los muros de tierra compactada de 40–45 cm de espesor almacenan el calor diurno y lo liberan durante la noche, amortiguando las oscilaciones térmicas. En climas secos, esta inercia reduce la demanda de calefacción y refrigeración hasta un 70 % frente al ladrillo convencional, que carece de capacidad de acumulación.
Regulación higrotérmica natural La arcilla y la tierra estabilizada absorben y liberan humedad de forma pasiva, manteniendo la humedad relativa interior entre 40 y 60 % sin sistemas mecánicos. El ladrillo cocido, al ser impermeable, no regula la humedad y favorece la condensación superficial en climas secos.
Huella de carbono mínima El tapial utiliza tierra del mismo sitio de obra, sin cocción ni transporte de materiales pesados. Su energía incorporada es hasta un 80 % menor que la del ladrillo cerámico, que requiere hornos a 900 °C y largos desplazamientos. Además, los muros de tierra compactada son reciclables al final de su vida útil.